martes, 13 de septiembre de 2016

Mi historia con el cine

Cuando tenía tres o cuatro años fui con mi mamá y mi hermana al cine El Castillo de Disney, antes conocido como Continental; la película que veríamos era “La Sirenita”. Se trataba de la primera vez en mi vida en la que iba a un cine y a partir de entonces, ir se convirtió en una experiencia que que repetiría gustosamente.

Conforme fui creciendo, las películas se convirtieron en mi ventana al mundo. Gracias a ellas podía entender mejor la realidad y a la misma gente a la que siempre me costó trabajo acercarme. Me daba además la oportunidad de vivir aventuras que, aunque no eran propias, las experimentaba como tal.

 Sin duda sabía que me gustaba ver películas, sin embargo, aún no era consciente de qué tan grande era mi gusto por el séptimo arte.

Así, cuando tenía ya 14 años, en la escuela cada alumna de preparatoria debía escoger un taller. Entre éstos se encontraban: teatro, manualidades, dibujo, guitarra y cine. Aunque creía que el dibujo me serviría más y pese a que mis amigas optaron por teatro, decidí tomar cine y la clase de introducción bastaría para abrirme los ojos a un amor que estaba latente.

Comencé a investigar por mi cuenta sobre distintos temas, compre libros y empecé ver más películas clásicas y a prestar más atención a detalles que antes no notaba en éstas.


El cine se había convertido en algo que buscaría que me acompañara siempre.


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